LA MEDIOCRIDAD
El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por
esencia imitativa y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño,
reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la
domesticidad. Así como el inferior hereda “el alma de la especie”, el mediocre
adquiere “el alma de la sociedad”. Es original e imaginativo, desadaptado del
medio social en la medida de propia variación.
EL HOMBRE MEDIOCRE
el
hombre mediocre es un ser sin personalidad que se deja amoldar o domesticar por
el medio social en el que vive. Según Flaubert, es el “hombre que piensa
bajamente”. Ingenieros lo ubica entre el genio y el imbécil. Y lo más curioso
de todo: que ni el mismo se da cuenta que lo es.
El hombre mediocre no tiene
ideas propias, sino que piensa y dice lo que otros dicen. Aunque puede tener
“talento” o “buenas cualidades”, sean estas intelectuales o artísticas, ellas
no le garantizan su autonomía y creatividad. El hombre mediocre puede poseer
“talentos”, pero esto no quiere decir que los desarrolle y que los llegue a
perfeccionar.
“Cada individuo- dice
Ingenieros- es el producto de dos factores: la herencia y la educación”. La
herencia se refiere al factor genético, la educación a todo lo que este recibe
desde la cuna a la sepultura.
La “imitación” desempeña un
papel decisivo para el desarrollo de la personalidad social. Pero ella sola no
basta, se necesita de la “invención” para producir variaciones en los
individuos. La imitación es de índole conservadora y actúa creando hábitos sociales,
mientras que la “invención” es evolutiva y se desarrolla mediante la
imaginación.
EL HOMBRE RUTINARIO
Los
hombres rutinarios desconfían de su imaginación santiguándose cuando esta les
atribula con heréticas tentaciones reniegan de la verdad y de la virtud si
ellas demuestran el error de sus prejuicios muestran grave inquietud cuando
alguien se atreve a perturbarlos. Astrónomos hubo que se negaron a mirar el
cielo a través del telescopio, temiendo ver desbaratados sus errores más firmes.
EL HOMBRE INFERIOR
El hombre inferior
es un animal bellaco. Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al
medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel
corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos
casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su
incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas tan comunes que
los demás, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los
rodean para formarse una personalidad social adaptada.
PELIGROS
DE LA MEDIOCRIDAD
El error de lo desconocido los ata a
mis prejuicios, tornándose timoratos e indecisos: nada aguijonea su
curiosidad; carece de iniciativa y miran siempre al pasado, como si tuviera los
ojos en la nuca, truncan su honor por una prebenda y echan llave a su dignidad
por evitarse un peligro; renunciarían a vivir antes que gritar la verdad frente
al error de muchos. su cerebro y su corazón están entorpecidos por igual como
los polos de un imán gastado. El ambiente tornase refractario a todo afán de
perfección; los ideales se agostan y la dignidad se ausenta: los hombres
acomodaticios tienen su primavera florida. Los estados convirtiese en
mediocracias;la falta de aspiraciones que mantengan el alto nivel de moral y de
cultura, ahonda la Ciénaga constantemente.
La dignidad es irreverencia, es lirismo
la justicia, la sinceridad es tontera, la admiración es imprudencia, la pasión
ingenuidad, la virtud es una estupidez. En la lucha de las conveniencias
presentes contra los ideales futuros. Ningún idealismo es respetado, si un
filosofo estudia la verdad, tiene que luchar contra los dogmatistas
momificados; si un santo persigue la virtud se astilla contra los perjuicios
morales del hombre acomodaticio; si el artista sueña nuevas formas, ritmos o
armonía, cierran le el paso las reglamentaciones oficiales de la belleza; si el
enamorado quiere amar escuchando su corazón, se estrella contra las hipocresías
del convencionalismo.
LOS HOMBRES SIN
PERSONALIDAD
La personalidad
individual comienza en el punto preciso donde cada uno se diferencia de los
demás; en muchos hombres ese punto es imaginario. Por ese motivo, al clasificar
los caracteres humanos se ha comprendido la necesidad de separar a los que
carecen de rasgos característicos: productos adventicios del medio, de las circunstancias,
de la educación que se les suministra, de las personas que los tutelan, de las
cosas que los rodean.”Indiferentes” ha llamado a ribot a los que viven sin que
se advierta su existencia.



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